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domingo, 20 de julio de 2014

Quien calla, otorga

Odio cuando las palabras se vuelven en mi contra y empiezan a raspar y a enrevesarse, y me desnudan con rabia ciega señalando mis estrías, riéndose de mi estampa: raquítica, blanda, pálida.
 
Odio las disculpas estudiadas de los pecados constantes: gasto inútil de palabras, vacua ocupación del silencio, ansia redentora en un entorno de tolerancia cero. No me queda compasión para ex-amantes con delirios de polla inquieta "ninfomanía" y empachos de "perdón" por la mañana.
 
Odio las chismosas opiniones formuladas en voz alta y con cadencia sagrada (Palabra de Dios) o de fórmula irrevocable que aseveran quienes no saben nada. Porque yo soy yo y mis circunstancias, como ya decía Ortega, y tú ni sabes ni padeces lo que yo puedo llegar a estar sintiendo.
 
Cuando te atragantas de tanta opinión no preguntada, de tata reflexión no pedida, de tanta realidad sin cocinar cruda y sangrante, recién matada a tiros y aún oliendo a humo... Prefiero el silencio y la ignorancia. Huele a humo y me estoy quemando. Cállate la boca. Yo soy bonita y lo seguiré siendo, a pesar de tus palabras audaces y tu falta de dominio lengüil. Yo soy bonita, con mis estrías, con mi blandeza, con mis palabras atragantables y la realidad que me devora. Y todo esto tú te lo pierdes.
 
Adiós, y más te vale sentirlo.
 
Remordimientos de verano I.
 

jueves, 13 de febrero de 2014

Boicot a San Valentín

Se acerca la fecha, al paso de la musiquilla acuciante de la peli de Psicosis, y somos muchos los que estamos aterrados, a la espera de que se abra la cortina de la ducha y nos empiecen a llover puñaladas. Porque así de sangriento es San Valentín, día de odios y depresiones más que de amor romántico.



Dejando de lado el cariz consumista de tan señalada fecha, parece que las televisiones, radios y parejitas felices se han asociado con las tiendas y los supermercados en un complot por evidenciar la soledad con la que algunos decidimos vivir nuestro día a día, restregándonos entre besos, corazones y baladas románticas su empalagosa felicidad. Es casi cruel e inhumano. Todos queremos ser queridos, pero para celebrar ese amor no hace falta un día concreto en el que se señale con el dedo al que carezca de pareja, o al que vaya por la calle sin un ramo de rosas. Este día acusatorio de las penas ajenas no favorece a nadie, ni siquiera a los propios enamorados que han de debatirse entre elegir un regalo o inventar un gesto romántico marcado por unas ataduras sociales. ¿Dónde queda la improvisación? Cada cual que celebre su amor a su manera, cuando le venga en gana, y en privado a poder ser, para así integrarnos un poquito mejor a los pobres anónimos desparejados, que sufrimos cada año este ataque de amor plastificado y envuelto. 

¡Por un mundo sin San Valentín! ¡Por los pobres desparejados del mundo! Llamo a la rebelión, a silenciar la ofensa. Nada de quedarse en casa viendo Pretty Woman con un cubo de helado de chocolate, nada de citas express para aliviar el vacío sentimental, nada de torturas cantando baladas en lágrima viva. Lo mejor es una noche de fiesta con tu grupo de amigos, celebrando que estamos vivos y que nos queremos, aunque suene a orgía. ¿Y tú cómo vas a celebrarlo? Paz y Amor. 

viernes, 7 de febrero de 2014

Patética

Otra triste definición para mi elenco personal. Así soy yo, patética por decisión propia. ¡Hay que ser estúpida! (pues sí, también lo soy). Estúpida y patética, incapaz de plantar cara a la incompetencia del ego masculino. Abandono el orgullo propio, y me desarmo en lágrimas patéticas, sí, y balbuceantes, que exigen una explicación al idiota de turno que ya me ha olvidado. La indiferencia me resulta inaccesible, incomprensible, inmanejable; y mientras el tonto de turno me olvida, yo sucumbo a su indiferencia y le bailo el agua un poco, arrastrándome como si no hubiera mañana. Un chute de terapia urgente de autoestima no me vendría mal.

miércoles, 22 de enero de 2014

Quiero conocerte

Dos simples palabras que juntas pueden conjurar la frase más bonita para ser escuchada: “Quiero conocerte”. Esta vibrante afirmación promete tiempo e ilusión, la dedicación de todo comienzo, y supone una apuesta incierta y un salto al vacío, todo junto, en torbellino, para aquel que la formula. Pocas son las personas que se atreven a conocerse: normalmente se intentan imponer el otro uno al otro, desbaratándose en los sinsentidos de su propia existencia, sin pararse a comprender las peculiaridades que hacen única a la persona que está enfrente, esperando. 


Por todo ello, hastiado de la rutina y del ego, esta vez quiero arriesgarme, sin saber si la locura acabará en un “te quiero” (ciertamente sobrevalorado). Ahora sólo tengo por cierto el calor de tus ojos, las sábanas arrugadas y las cinco o seis palabras que nos bebimos; y todo ello me gustó de ti y por eso me arriesgo a conocerte, me arriesgo a que no superemos el principio, pero estoy dispuesto a intentarlo, sin pretensiones, sin expectativas, sólo tú y yo, sólo tú y lo desconocido. “Tú eres la aventura”.

jueves, 16 de enero de 2014

Ansiolíticos para no soñar

El ansia. ¿Buena o mala? Yo no me pongo de acuerdo. El ansia por definición es algo malo, una inquietud que nos agita el cuerpo y nos desvela y angustia. Demuestra un anhelo loco, impaciente; la náusea y el tormento de la espera. 

El Grito. E. Munch
Pero a ratos, esa ansia es bonita, arrolladora, un vendaval. Es una fuerza que te empuja, un poco de picante en la rutina, un aliciente… desesperante sí, y estimulante al mismo tiempo. Hay muchos tipos de ansia, y personas ansiosas por naturaleza. Yo más que ansiosa, me considero impaciente; pero a veces, con las causas que lo merecen, me convierto en ansiosa empedernida que no come, no duerme, no vive, incapaz de calmar la ebullición en mi cabeza, que me desbarata la existencia entera y me sume en cavilantes depresiones y risa histérica. Parece algo horrible esta ansia mía, un monstruo en el armario que espera agazapado a que se ilumine la bombilla del sueño para salir a destrozarlo a zarpazos. Pero no es así, aunque a ratos me consuma y me hunda en la miseria, al final el calvario vale la pena: la espera termina, normalmente con final feliz, el ansia se disipa, tú tienes lo qué quieres (tu viaje, tu independencia, tu amante bandido); y ese anterior desvelo que te consumía los segundos a golpe de reloj parado, ahora se recuerda con cariño y hasta con lujuria, el predecesor al triunfo, la desolación con la que comparar el brillo del éxito. 

Por eso mismo, recomiendo disfrutar de las ansias propias, enloquecer con ellas y dejarse arrollar, y deshacerse en lágrimas si hace falta; para después, reír con más fuerza. Olvida los ansiolíticos y disfruta tus neuras. 

martes, 10 de diciembre de 2013

Esposos de sal

Hoy me caso, en Las Vegas. Mi novio me espera en un pueblito andaluz; mi madre en Madrid.  Mi vuelo a África sale de Barajas en menos de una semana, mientras mi futuro marido aguarda ya en el altar de esta pequeña capilla con luces de neón. ¿Cómo decirle que su mejor amigo extraña mi cuerpo en su cama? ¿Cómo hablarle de esa relación seria que me acosa y de los amantes pasajeros que ahora deciden recordarme? 
No sé cómo afrontar este chiste que es mi vida, pero aquí estoy, en Las Vegas, en pleno desierto en lo más profundo de Estados Unidos, en una ciudad más del inmenso continente americano. Las Vegas, ciudad de perdición. ¿Cómo no iba a casarme? Es el tópico típico de esta ciudad del pecado, y él es Elvis y yo Marylin. Y hay una apuesta de por medio, y un viaje y múltiples secretos, y sexo, mucho sexo. 


Seguramente lleve mucho tiempo leyendo la saga de Canción de Hielo y Fuego, de donde he robado el término “esposas de sal”, pero si digo “una mujer en cada puerto” cualquiera me entiende. Los marineros, esos hombres aguerridos, fieros, curtidos por la sal y la batalla, inquietos y esquivos, sin más amarre que la constancia de las olas. Fueron los primeros viajeros, piratas o comerciantes… tanto da. Cuando el mundo se te pone en bandeja y las leguas de mar te separan de los tuyos, y la noche es fría y exótica, y el mar te ha dejado sediento, y todo es nuevo… Te asomas a otra vida por descubrir, y ya no recuerdas tu casa, ni tu patria, ni tu mujer; sólo los pechos generosos de quien te abrigará esta noche. 

Pero en el siglo XXI ya no son los marineros, sino las chicas de ciudad, quienes quieren conocer mundo y dejarse seducir, sin complicaciones. Por eso Las Vegas y un matrimonio vacío pero repleto de alcohol, y por eso África, que me espera virgen y ávida, y lo que me depare el tiempo, sin ataduras, sin complicaciones, ciudadana mundo. 

martes, 10 de septiembre de 2013

Los cinco sentidos

¿Que si estoy bien? No, claro que no, cómo voy a estarlo. Por supuesto le sonrío al móvil mientras te envío un escueto "sí", aunque los ojos me traicionan, pero no puedes verlo.

Me urge tocarte con la palma de las manos, escurriéndome despacio por tu cuerpo desnudo. Palparte con fuerza y sentir que me abrazas de manera infinita, aunque sólo sea un segundo. Quiero que me duelan los labios de besarte, y morirme de cosquillas en tu cama, y que te precipites, loco, desde mi cadera hasta el cielo, en espasmos de placer. Sólo así estaría bien ahora, sabiéndote mío, con tus sentidos babeando, arañando, asfixiándose por mí, colapsados de mí, sordo al devenir y miope, para amarrarte muy cerca.


Pero te me escapas, subido al balancín de los recuerdos, y de vez en cuando, paladeas su nombre, agrio y en susurros, una amenaza encubierta a punto de reventar. Y el miedo me escuece y me arrebujo. Hace frío y es verano, aún. La ola nos acuna y furiosa nos aleja en la tempestad de una noche sin retorno. Chapoteo en la cama, asfixiada y lejos, muy lejos de tu piel y de tus brazos, y de tu cama y de tu sexo; sola mientras ella se interpone, el fantasma que te acosa y me desvela.

Dime si subes o bajas, siempre me he mareado con el vaivén de las dudas y con los nombres antiguos de mujer. No me gusta compartir el espacio en tu cabeza. Y si me eliges, y me dices “ven”, sabes que yo te beso y te observo, te acaricio y te escucho, te aspiro. Y te muerdo con los ojos y te desgarro, y me bebo todos mis celos atragantados, y rompo con el miedo. Yo te siento, con todos los sentidos. 

lunes, 26 de agosto de 2013

Despedida

Luarca me quema por dentro. Me despide oscura y lluviosa, al contraste con los días de sol y fiesta, como si de alguna extraña manera fuera consciente de mi partida y mi duelo. 

Luarca me cala el corazón y me lo arrasa y lo trastoca, y me empuja mar adentro y me confunde y me ahoga y me abrasa en su locura. 

Y cuando me voy me siento más sola y más vacía, supurando recuerdos, con el corazón seco y los ojos cálidos, húmedos de tu ausencia. Yo te lloro Luarca, porque cuando no te tengo sólo puedo pensarte. 



miércoles, 14 de agosto de 2013

Unidos

Estas aquí y no estás. Aún te sentimos. Aún nos quemas la memoria. Aún nos persigues en sueños. Aún creemos en la magia de encontrarte de vuelta. 

Aunque ya casi no te mentamos, a veces hablamos de ti entre susurros, para no perturbar tu paz ni nuestro duelo. 

Hoy, estando juntos, nos tropezamos contigo en una noche fresca para expiar pecados, para preguntarse por qué, para darle mil vueltas más al caso. Es agosto, pero sentimos tu frío en la piel, tu aliento en la nuca y tu ausencia en los ojos, que nos lloran tímidos, húmedos de recuerdos. 

Gracias por mantenernos unidos. En tu destrucción nos creaste. Juntos te lloramos, y juntos superamos tu ausencia. Seguimos con nuestras vidas, pero sin olvidar que gracias a ti aquí estamos, fuertes, juntos, unidos. Cojos sin ti, pero vivos. 

Vuelvo a casa sola. Cruzo la rotonda. Miro la valla del cementerio. Aparco. Me meto en la cama. Y la culpa no me abandona. Lo siento. Te odio. Te quiero. Gracias. 


lunes, 12 de agosto de 2013

Tontunas de amor

“Con el amor no basta” es una lección que tod@s deberíamos de aprender. Nos machacan la mollera con escenas de amores imposibles que todo lo pueden, con relaciones de cuento y perdices, imágenes que nos llevan a anhelar la desdicha de un amor tan intenso, pero que nunca enseñan el final.

Desde bodas inverosímiles con perfectos desconocidos a los que se jura amor eterno, hasta abandonar un futuro prometedor por un calentón tonto en un viaje exótico. Ellas juran que es amor, no sé que dicen ellos, pero ¿hasta qué punto es real o, quizá, de película? 



Soy la primera sensibloide que se traga estas películas, la primera que quiere vivir aventuras y caer en la pasión más tórrida, vivir lejos de la realidad, un tiempo en el engaño... Pero desgraciadamente cuántas de estas historias sobreviven a la rutina, al conocerse, a la desesperanza de todo principio sin dinero y sin trabajo, o desgraciadamente, al que haya otras turistas de por medio.

Por eso mismo, sabiendo que el final no es lo que promete, piénsate dos veces el dejar toda tu vida, tu familia, tus amigos, tu futuro… por la sombra de una promesa de amor sin fundamento. Búscate tus propias aventuras, conoce el amor con calma y sin forzarlo, no lo inventes, piensa en ti y en lo que quieres, no seas tonta, o tonto, o lo que toque en cada caso. El amor nos vuelve tan gilipollas… aunque sea un amor de película, de prestado. 

domingo, 5 de mayo de 2013

Discurso de boda para mis tíos


Queridos amigos y amigas, y familia al completo:

Estamos aquí reunidos para celebrar, por fin, la unión entre Olga y Jorge. Supongo que hablo en nombre de toda la familia al decir que este es un momento que llevábamos esperando bastante tiempo. Son ya varios años y experiencias compartidas: viajes, cumpleaños, comuniones, nacimientos y bautizos… pero ¡nos faltaba la boda! 

Veo a mi tío Jorge, “el chiquitín de la casa” (hasta que llegué yo), el tío way que todo sobrino quiere tener, ahora convertido en todo un padrazo (y no por ello menos way), y me sorprende lo mucho que cambian las cosas. No sé muy bien cómo, ni cuándo, ni por qué, pero en un momento determinado, estos dos se conocieron, saltó la chispa… y Olga entró en nuestras vidas para quedarse. Al principio nos desconcertaba su exotismo, su acento extraño, su pelo rubio y las tartas con semillas de amapola y el pavo para cenar en Nochevieja. Pero sin darnos cuenta, todos nos hemos ido adaptando a esta interculturalidad hasta ahora desconocida, y hoy celebramos la entrada oficial de Olga en nuestra familia, lo que no quita que realmente ella forme parte del club desde hace ya mucho tiempo.
  
No vino sola. Se trajo consigo a Antonio, las eternas matrioskas, palabras en ruso impronunciables, y un montón de zapatos del mismo número que el mío. Así entró e inundó la vida de Jorge y la nuestra. Ajenos a las convenciones, y saltándose los pasos básicos de la trayectoria de vida típica, los dos, o mejor dicho los tres, se fueron a vivir juntos… hasta que llegaron Max y Mya y se acabó la paz (...). Pero aún así, en medio del caos y la locura que dan los niños, aquí están los dos, celebrando su amor y compromiso. 

A veces el amor asusta un poco, y da vértigo sólo de pensar en el futuro. Pero aunque la prudencia sea sabia, ¿qué es la vida sin un poco de riesgo? Lleváis juntos ya varios años, pero hoy es oficial, comienza la aventura, no hay vuelta atrás… ¿Estáis preparados? Por supuesto, sólo tenéis que continuar como hasta ahora. No podemos seguir postergando las cosas. Parece que nos gusta pasarnos la vida esperando, convenciéndonos de que todo será mejor mañana cuando encontremos un trabajo, o cuando lleguen las vacaciones, o cuando nos compremos un coche mejor, o cuando nazca el primer hijo, o cuando crezca y se marche de casa… o cuando nos casemos. Pero eso vosotros ya lo tenéis ganado, ya lo tenéis todo, no os falta de nada… Sólo os queda vivir cada día como si fuera el último, rebosantes de amor y de cariño, compartiendo la alegría entre vosotros y con vuestros hijos, y continuando pasito a pasito este matrimonio. 

Aquí estáis, con tres hijos y un pasado, temblorosos y dispuestos a apostar por un futuro aún incierto, pero juntos. Además nos tenéis a nosotros: vuestros padres, hermanos y sobrinos, que estaremos aquí para apoyaros, en la salud y en la enfermedad.

Si alguien tiene algo que decir, que hable ahora o calle para siempre…

Si no, sólo me queda desearos toda la felicidad del mundo y darte la bienvenida tía Olga. 
Fuente: blogboda.com


miércoles, 3 de abril de 2013

Autocrítica


Cuando el mundo te da la espalda, no sirve con tocarle el culo, quizá haya algo que no funcione en nosotros mismos. No siempre hay que culpar de todo a los demás. Hoy toca mirarse en el espejo y decirse a la cara la verdad, o al menos intentarlo. 

¿Para qué engañarnos? Soy cabezota. Me gusta llevar la razón, si hace falta a gritos, y me reservo la última palabra envenenada de ironía mordaz. Hay quien dice que la ironía es un escudo protector, que en mi caso tiene que cuidar de un orgullo sensible y fácil de enfadar. Así soy yo a bote pronto, borde cuando me tocan la moral. Pero este orgullo, este airamiento que me sacude a ratos, no es más que el simple reflejo de una pasión un tanto desmedida. No me toques mis causas perdidas ni me rompas los sueños. Emocionarme se compra con muy poco aliento: un beso, un viaje, un jueves con amigos… promesas que me dan la vida, y me derrumban cuando se las lleva el viento. Así soy yo, bipolar a ratos, estrafalaria en gustos, nefasta en novios, resabiada, agónica, escritora frustrada, intempestiva, soñadora, curiosa y sensibloide.

Pero idealista al fin y al cabo. 

martes, 26 de marzo de 2013

Precipitarse


Precipitarse. Ascender a categoría de sentimientos los impulsos más básicos. Sexuales sí, impulsos sexuales. Hasta hace muy poco, creía en la pasión como sinónimo de amor. Ahora sé cuánto me equivocaba.

Hoy es martes, sólo le faltaba el 13 para caer en el tópico típico de fatídico día. Llueve, para rematar. Dentro de un coche, casi en marcha, me he enterado de que se acaba todo: que ya no habrá más jarras de cerveza, ni clases de alemán, ni películas en el sofá de sus abuelos, ni un “vente a mi casa que no están mis padres”, ni masajes, ni discusiones absurdas, ni sexo en el coche, ni salir rápido de trabajar para pasar por su puerta. Ya no habrá un whatsapp de buenas noches, ni figuritas impresas en 3D, ni un triste “te echo de menos” susurrado al teléfono. 

Ahora, rebotando en mi cabeza, sólo quedan esas promesas atragantadas por las prisas, las palabras pronunciadas sin pensar, el “para mí no hay otra”, las sorpresas sin abrir, los tan escasos aniversarios que no dio tiempo a celebrar, y el rencor de que sea otra la que habite su mente. No sé dónde ha quedado el erotismo de ayer. Las sábanas siguen desechas, pero yo tengo frío. Hay que cancelar los planes de la agenda, las mejores películas del año tendrán que esperar a que se me pase esta manía transitoria de rechazo a lo que a él me recuerda. 

Pero con las prisas, poco tengo suyo, más que algún recuerdo, y un par de fotos difusas en el cristal de un tren. Y el dolor de cabeza. Y la inseguridad creciente. Ha sido un amor de prestado, rápido y joven. Precipitado en su alcance, pues quería correr mucho pero se quedó sin fuerzas en el sprint de salida. Ahora sé que no hubo amor, sólo la locura ciega del momento, sólo la pulsión básica de Freud, sólo sexo. Sexo, helados y franquicias baratas miércoles y domingos. 

Precipitarse: cuando tu reciente pareja aún piensa en la anterior.


jueves, 31 de enero de 2013

Follamigos. Límites infranqueables


Yo soy la primera que no puede negar la evidencia del buen servicio que presta un amigo con derechos. Los hay de muchos tipos y con distintos grados de confianza: de los que te sirven para una noche loca, con los que puedes hablar, a los que llamar en cualquier momento del día, los que te llaman en cualquier momento del día, ex-novios insistentes, etc.

Cada uno se monta sus relaciones, sus líos, sus amantes discretos, triángulos o cuadrados o polígonos amorosos con más vértices que en la clase de matemáticas, donde nadie sabe donde acaba o donde empieza ese intercambio de fluidos que es la vida. Al follamigo no se le exigen explicaciones: sólo sirve para la urgencia, para el deseo, para una noche de amor anónima, libre de sentimientos, libre de preocupaciones, sólo sexo; sexo y una charla casual entre amigos. 



Pero como en toda relación, siempre hay alguien que sale perdiendo. En algún momento, ese contrato tácito de espacio libre de sentimientos se rompe; alguien empieza a querer más, a demandar más, a esperar un amor que muchas veces no existe. Esta situación le convierte en el vulnerable de la ecuación, en el débil y dependiente del capricho del amigo con derecho a roce. Es en este momento cuando aparecen los celos. Nadie quiere saber que su follamigo tiene otros revolcones en camas ajenas, aunque se intuya, nadie se lo cuenta a su pareja ocasional. ¿Los celos están permitidos? Esa es la gran pregunta de estas relaciones. Cuando uno espera y espera ansioso la llamada, temblando ante la idea de insistir, y con la inseguridad comiéndose el alma a cada rato; es en esos momentos cuando ya no sabes qué hacer, cómo comportarte, cómo seguir adelante con esa intriga existencial: ¿se ha acabado? ¿Hay otra persona? ¿Se ha cansado de mí? No hay nadie que responda a estas preguntas, sólo el silencio del móvil. A veces hay suerte y vuelve a ti, otras… la espera puede ser eterna. 

No hay reglas en estas relaciones: los follamigos van y vuelven, conoces a algunos nuevos, te despides de viejas amistades, te abandonan, se enamoran. Hay miles de combinaciones posibles. Lo que no debes olvidar es cuál es su función. Su trabajo es simple: alegrar las tardes perdidas o las noches vacías, sacudirte el cuerpo, regalarte un orgasmo mutuo y la felicidad del instante. Si en algún momento tu “amigo” te hace daño, te maltrata el alma, te hace sentirte frágil ante el espejo… sácale de tu vida, porque tú vales más, mucho más que un polvo ocasional. No dejes que la obsesión te quite la seguridad en ti mismo, no dependas de gente que no te quiere, disfruta con ellos del momento y a otra cosa. Sin sufrir. Sin esperar. No podemos cambiar  a las personas, pero sí estar a gusto con nosotros mismos. 


lunes, 10 de diciembre de 2012

Tienda de campaña

Ya sea en un camping, en las profundidades de un bosque, sobre la arena de la playa o dentro de tu habitación, la tienda de campaña es un artilugio perfecto para el soñador empedernido y el eterno aventurero. Vista desde fuera no es más que una tela insulsa y pequeña que no ofrece gran protección, pero una vez dentro se convierte en un palacio, un fuerte donde acurrucarte y dejar pasar la noche mientras fuera se desata la batalla.

Pero para delirar a gusto hay que estar acompañado. Una amiga (o amigo) te puede acompañar en una noche de risas y desvaríos, de cotilleos, de recuerdos del pasado, de historias de miedo a la luz de una linterna. Pero si hace frío, búscate a alguien a quien poder pegarte mucho, que dicen que al calor humano es el mejor de todos. Yo propongo una noche de invierno en una playa, con el viento y el salitre marino arreciando, la cremallera echada y el sofoco del deseo. Después, con la calma del orgasmo, desnudos y envueltos en los sacos de dormir, abrir la puerta y hundir los dedos de los pies en la arena, compartiendo una cerveza en la oscuridad, bajo el cielo preñado de estrellas.

Si no hay mar, ni arena, ni sal, prueba a montar la tienda dentro de tu casa. Le pondrá un toque único y divertido a tu cita. Empújale a dentro y cierra la tela. Siempre podrás escuchar el mar acercándote a la oreja una caracola. Vive tu aventura. Transpórtate a donde quieras. Pon en tu vida una tienda de campaña. No te arrepentirás.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Querido Adán


Querido Adán: 

Te escribo hoy, frágil, sucia, contaminada. Echada a las puertas del Paraíso las palabras se escapan entre mis dedos en una fuga desesperada. Me siento sola, muy sola. El ambiente esta empañado de una triste melancolía y el Jardín del Edén se dibuja a lo lejos como un sueño casi imposible, un recuerdo que ahora me parece insoportable. Tú y yo hemos sido castigados, arrastrados fuera de nuestro hogar y obligados a vivir en esta soledad asfixiante, abrasadora. 
Sabemos que ya no hay vuelta atrás, que la condena es eterna. El mal ya está hecho y no puede remediarse. Ya no queda nada. Me siento tan culpable. El temor me ahoga. Me carcome la idea de verte el resto de los días sentado sobre esta tierra estéril, yerma, esperando un fin o quizá un principio que nunca llegará, una ilusión que se nos escapa. 

Ante ti me dibujo segura y fuerte. Soy una mujer altiva, orgullosa, firme... Quiero que me veas como tu igual, pues estamos hechos a imagen y semejanza y nos complementamos. Pero bajo ese ser equilibrado se esconde un alma herida. Fui débil cuando debía mantenerme serena, te arrastré conmigo a la tentación, al pecado; y ahora mi alma no es libre, está manchada de miedo y la culpa me va destrozando. No sé como pedirte perdón, ni siquiera sé como mirarte a los ojos. 
Pero ya estoy cansada. No quiero subordinarme a la culpa para siempre. Yo he reconocido mi error, fui castigada y ahora hago penitencia por mis pecados. Sé que mi osadía estuvo mal, que fue una imprudencia, pero ¿acaso el ser humano no está hecho para buscar la perfección? ¿Acaso hay algo más perfecto que un dios? 

Hasta hace apenas un instante vivíamos felices, en una paz ordenada, en un ideal de equilibrio y respeto, de igualdad entre ambos. Pero ahora... Ahora un fruto nos ha separado, nuestro sustento de cada día nos ha dividido; paradojas de la vida. 
He tenido una visión, un presentimiento certero. Por este desliz seré condenada eternamente. Yo sola cargaré con las culpas y serviré de excusa para culpar a tantas mujeres de pecadoras en el dibujo de la mente de unos hombres cerrados de espíritu. Pero, ¿por qué yo? Yo sola ante una humanidad despiadada. 
No quiero llevarte conmigo al destierro, pero los dos mordimos, los dos sangramos la manzana prohibida, los dos calmamos nuestra sed de conocimientos en ese pecado natural.   
Tú eres mi media costilla: nacimos juntos de la tierra, de la Madre Naturaleza, de las manos de Dios. Somos hermanos y amigos, amantes, padres. Nuestro amor nos supera y de su fruto nacerá un mundo. Entonces, si los dos nacimos del mismo cuerpo, de la misma materia, del mismo conocimiento, de la misma idea... ¿por qué tú te impondrás a mí? 

Las mujeres sufrirán por este daño siglos de torturas, milenios de falta de reconocimiento. Serán subordinadas a la mera función de dar la vida, o eso creerán ellos. ¡Yo me río! ¿Qué piensan esos hombres del futuro? ¿Es qué están ciegos? ¿No saben ver más allá de su tecnología? Las mujeres habrían de ser veneradas sólo por el hecho de engendrar una criatura, de gestar vida en sus entrañas. En ellas están los futuros hombres, o mejor, los futuros seres humanos, hombres y mujeres que deberían ser iguales. Ellas son en potencia el futuro de un mundo injusto y machista. 
Y yo aquí, desnuda ante una realidad que me parece oscura y amorfa, tengo todo el peso de un mundo en mi vientre y ando con la condena eterna a mi espalda, arrastrándome con la conciencia manchada por un suelo rocoso falto de esperanza. No es justo. Quiero revelarme contra esa futura espiral de angustia, de injusticia... 

Adán, los dos juntos salimos del Paraíso y por ello te admiro. Cogiste la manzana que te tendí y me acompañaste en la deshonra. Fuiste un amigo y por ello aún te amo más y más me entristezco. Te necesito a mi lado en esta cruzada, te necesito como padre de nuestros hijos, como profeta de nuestro mensaje. Hemos de saberles transmitir el amor que nos abarca, la igualdad que nos vestía antes de calmar nuestro hambre. 
Este es mi ruego, esta es mi condena: 
A todos los hombres que no sepan apreciar el valor infinito de una mujer, su capacidad para sobreponerse, para trabajar días de dieciocho horas, la lucha constante por sus ideales, su amor incondicional, la dedicación a su familia, a sus hijos, su sufrimiento en silencio... A todos aquellos que no sepan apreciar sus lágrimas espejo de su dicha, su pena, su desengaño, su amor, su soledad, su sufrimiento y su orgullo. A todos los que la infravaloren y minimicen. A todos ellos los condeno a una vida de soledad privados de la ternura y la suavidad de la mujer, privados de su entereza, de su dedicación, de su trabajo, privados de su amor y de su fuerza.

Aquí es cuando me quedo sin palabras. Todo es confuso y tengo miedo, frío. Respiro la soledad que se cierne. La culpa aún me quema. Por favor amémonos más que antes, te necesito junto a mí, portador de mi pecado, seamos los dos iguales y eternos. Es ya muy tarde. La noche cae lenta, de colores. Las estrellas brillan. 

 Eva (La Primer Mujer) 
“La mujer salió de la costilla del hombre, no de los pies para ser pisoteada, ni de la cabeza para ser superior. Sino del lado para ser igual, debajo del brazo para ser protegida, y al lado del corazón para ser amada.” 

martes, 9 de octubre de 2012

Típica Italia


Si no tienes en cuenta el precio de la gasolina, Italia es lo que promete: una tierra clásica, cargada de tópicos y platos típicos, de iglesias y calzadas romanas, de italianos alegres y pasionales, de sabios esculpidos… una tierra para recorrer con calma, en un coche o en una vespa, para encajarse en las calles pequeñitas de sus bellas ciudades o atravesar sus viñedos mientras cae la tarde.
Verona

Mi viaje ha sido corto y limitado, comparado con las miles de opciones que te regala el país, sólo un par de ciudades y varios pueblecitos pintorescos: Verona, Venezia, Borghetto, Lemone, Malcesine… la pronunciación de sus nombres se degusta con calma en la boca antes de emitir sonido alguno, como si diera pereza soltarlos. Italia enamora por sus ciudades, por su comida, pero también por su idioma, tan delicado y sonoro, tan expresivo que encandila y atrapa.
Borghetto

La mejor manera de conocer estos lugares es perderse sin rumbo fijo por la calles mientras degustas un helado artesanal de amaretto y chocolate, con una cámara de fotos para inmortalizar cada esquina, bella y herrumbrosa, porque sí, Italia es vieja, tan vieja que a veces se hunde, como la Piaza San Marco de Venezia. 

Piaza San Marco

Quizá sea esa decadencia lo que convierte a Italia en un ideal romántico, con sus candados de enamorados en cualquier resquicio, con el hogar de la Julieta de Shakespeare y su Romeo, con los canales oscuros de Venecia que levantan la bruma en la mañana, con el secreto de sus máscaras y el erotismo de un rostro sin nombre, con esa lengua cadenciosa y dulce, arma de seducción.
Venecia
Para vivirla, siéntete orgulloso de ser extranjero en Italia, déjala que te sorprenda poco a poco, degústala en todas sus formas, paséala con calma, súbete a una góndola, repite todos los tópicos típicos y escucha su lengua, su idioma candente. Entonces bajo el anonimato de tu máscara de turista, Italia te habrá seducido. 


jueves, 14 de junio de 2012

Love me or leave me

Nina Simone ya lo cantaba (con su voz negra y sus ritmos de blues): love me or leave me, "ámame o déjame"; y añadía junto al suspiro del piano: "o déjame estar sola". Solos, así es como estamos todos (o casi todos), y es cierto que muchas veces así lo queremos, sentirnos acunados por el vacío y la independencia, soberanos de nuestra propia realidad, escritores de nuestro propio destino. 

Pero todo blues tiene su moraleja, la melancolía de un amor imposible que nos desbarata la existencia. Por muy solos y fuertes que nos sintamos en el mundo individualista que hemos construido, donde las relaciones sólo sirven para deshacernos la cama, de vez en cuando se nos desborda un poquito del amor almacenado (a la espera de un final plastificado de película). Entonces nos ponemos enfermos. Locos de celos por alguien que aún está pensando en arrugarte las sábanas, sin caer en que el amor es posible y que aún no se ha extinguido. Y tú quieres hacerle entrar en razón. Gritarle para que te mire y descubra que la noche no es el único momento para los besos. Obligarle a que te recoja, una vez te has derramado, y a que se desborde contigo, ahogando en el camino las citas cortas y las mañanas vacías.

Lo que nos enseña Nina Simone, o lo que yo quiero que me enseñe, es a reivindicar tu amor sin esconderte, a superar el escepticismo sentimental, y a mostrarte tenaz con lo que es tuyo. Por eso ruega en la canción que no juegues conmigo, que me ames o me dejes, o déjame estar sola. Sola y digna. "Prefiero estar sola que feliz con otra persona".

[...] Quiero tu amor y no lo quiero prestado. Tenerlo hoy para devolverlo mañana
Tu amor es para mí. Mi amor es para ti. No hay amor que valga para nadie más [...]

Eso es lo que quiero. Tu amor. Pero no sólo por una noche.


lunes, 7 de mayo de 2012

Incertidumbre cinematográfica


Con la incertidumbre final de la película nos despedimos. 

El cine, ese ocio de antes, ocio para enamorados. La oscuridad de la sala inhibe los miedos mientras se acrecienta el temor de la película. La protagonista va entrando donde no debe, abriendo la puerta al susto, con el alma en vilo como esos pobres del fondo de la sala que no saben si tocarse o repelerse, asustados del placer del roce de sus manos.

No son nuevos ya. Se conocen en la paciencia de los años, en los errores y en la distancia. Llevan el regusto del fantasma del pasado, pero aprenden a olvidarlo en cada encuentro, a reinventarlo. Atrapados en la rutina de la cama, hoy se han atrevido a dar el salto, y aquí están, supurando pánico en la oscuridad del cine, cual pez fuera del agua aleteando. Reminiscencias del pasado y un poquito de embriaguez. Los fotogramas van pasando y se sienten más seguros, inconscientes del mañana.

Pero la película acaba, oscura y ambigua, con el niño muerto y el final alternativo. Ahora sólo les queda salir de su cruel incertidumbre y dibujar poco a poco su respuesta.

PD. Un placer haber compartido contigo esta experiencia. 


viernes, 16 de marzo de 2012

Miradas de autobús

SE BUSCA
Chico guapo, rubio, de ojos claros, cuerpo atlético y fenotipo extranjero (quien no entienda que pregunte), posiblemente del este de Europa. Visto por última vez en una parada de autobús de Aravaca. Recompensa: la felicidad de haber propiciado el amor entre dos locos desconocidos.
Es típica la historia del flechazo en el autobús, o en el tren, o en el avión, o incluso en los atascos. No sé qué tiene la movilidad del transporte que nos enamora; quizá sea la fugacidad, el tránsito con hora de caducidad que nos hace superar la timidez y lanzarnos en los brazos del desconocido sentado a nuestro lado. Primero están esas miradas esquivas, de yo te miro, tú me miras, pero nunca nos miramos (directamente). Un rato después, cuando ya uno se cansa de hacerse el duro, empiezan las miradas más en serio, con su correspondiente sonrisa tímida (o de cachondeo, o de ¡no me lo puedo creer!), la tontería, el “qué le voy a decir”, las ilusiones, los proyectos juntos… y el cuento de la lechera en un minuto.

Luego llega la trama. El momento crítico en que él (o ella según el caso) va a bajarse del autobús, pero aún no habéis cruzado palabra. Va a irse para siempre, perderás su pista, no tienes su nombre, ni su número, ni el lugar donde vive, ni su red social… Ningún lugar por donde empezar a buscarle más que la parada donde se ha subido. Entonces el autobús se para, con una última mirada, bien profunda, directa y con lástima él baja las escaleras y sigue su camino. Cuando el coche arranca esperas una señal para que se gire por última vez. Él espera hasta el último momento, entonces te mira con ojos penetrantes cargados de todas las palabras no pronunciadas, y tú levantas la mano para despedirte, para darle las gracias, para mostrar tu enfado porque se ha ido sin más, dejando la historia inacabada, dejándote con una sonrisa triste en los labios.

La frontera de cristal se hace más grande, él se ha quedado atrás, y tú sientes un vacío profundo en el pecho. Te ahoga que todo haya acabado ahí. En eso, que la frustración te puede y consigues reaccionar a tiempo, bajas en la siguiente parada y corres marcha atrás esperando encontrarle. Ahí está él, te ve enseguida, aminoras la marcha, y dejas que el acercamiento sea mutuo, a cámara lenta… y ahí entra el beso, mudo, sin palabras. Al principio leve, tanteando; y luego con pasión, la pasión ciega de dos locos desconocidos.
Ya luego vendrá el café, la vida o la cama, los porqués y las mil y un preguntas; mientras tanto, la locura se torna realidad.

Pero como en todo cuento, el cántaro de leche se rompe y la realidad se impone. Me bajo del autobús y sólo me queda tu recuerdo en el cristal, esa última mirada para buscarte sin ninguna garantía, porque me pudo la duda y el miedo y no bajé a tiempo, me quedé sentada pensando en ti. Lo peor es que ahora me corroe otra duda distinta, el “y sí…” maldito, la frustración de haber perdido la oportunidad, la historia de amor fallida en el transporte público. Las palabras que no te dije ahora me queman, el vacío se hace grande, tu sonrisa y tus ojos buenos me persiguen, ¿dónde puede encontrarte? 
SE BUSCA: Chico guapo, rubio, de ojos claros, cuerpo atlético y fenotipo extranjero (quien no entienda que pregunte), posiblemente del este de Europa. Visto por última vez en una parada de autobús de Aravaca. Recompensa: la felicidad de haber propiciado el amor entre dos locos desconocidos.