Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de enero de 2014

18 de enero

El día de hoy casi pasa imperceptible. Es curiosa la memoria frágil de los humanos, nuestra incapacidad para recordar fechas de forma natural me asusta, y me sorprende que el cuerpo no rememore el desgarro con precisión de reloj suizo, año a año, para avisarme, para tenerme preparada. También es cierto que no sé en qué día vivo, que me estoy volviendo "alzhéimica" perdida y que recordar algo tan preciso como un día y una hora no me ayudará demasiado. Pero aquí está de nuevo, el aniversario de la catástrofe, tan catastrófico como si en vez de tres años, sólo hubieran pasado unos días.

Hace poco fui a visitarte, ahora tienes a mi abuela por compañía. Prometí llevarte flores y aún no lo he hecho, error de mi cabeza hueca, lo siento. Lo que no se borra es tu recuerdo, anclado a mi memoria para siempre, y la culpa, al rojo vivo, que en los días como hoy me desvela.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Unidos

Estas aquí y no estás. Aún te sentimos. Aún nos quemas la memoria. Aún nos persigues en sueños. Aún creemos en la magia de encontrarte de vuelta. 

Aunque ya casi no te mentamos, a veces hablamos de ti entre susurros, para no perturbar tu paz ni nuestro duelo. 

Hoy, estando juntos, nos tropezamos contigo en una noche fresca para expiar pecados, para preguntarse por qué, para darle mil vueltas más al caso. Es agosto, pero sentimos tu frío en la piel, tu aliento en la nuca y tu ausencia en los ojos, que nos lloran tímidos, húmedos de recuerdos. 

Gracias por mantenernos unidos. En tu destrucción nos creaste. Juntos te lloramos, y juntos superamos tu ausencia. Seguimos con nuestras vidas, pero sin olvidar que gracias a ti aquí estamos, fuertes, juntos, unidos. Cojos sin ti, pero vivos. 

Vuelvo a casa sola. Cruzo la rotonda. Miro la valla del cementerio. Aparco. Me meto en la cama. Y la culpa no me abandona. Lo siento. Te odio. Te quiero. Gracias. 


sábado, 10 de agosto de 2013

Catástrofes

Instantáneo. Repentino. Sin previo aviso. El primer segundo sin ti, cuando te escurres entre mis manos histéricas, un primer segundo de tantos otros eternos, un segundo que coincide con el aniversario de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. 

Ya no estás. La habitación ha quedado en calma. No se oye el estertor, ni los gritos, ni a los médicos. Sólo el lamento ahogado de ella en una esquina. Por un segundo me siento vacía, liberada, ya no hay shock, ya no hay ruido, ya no estás. Luego viene la explosión que todo lo arrasa, el hongo tóxico de pánico miedo y dolor. Ya no queda nada, estoy sola y tú te has ido. 


viernes, 1 de abril de 2011

Humanizando a los héroes

No llores más que me duele. No sé abrazarte cuando tú no quieres. Déjame acercarme y escuchar tu llanto. Quisiera poder decirte lo grande que eres, el trabajo que haces, el calor que transmites; pero no quieres oírlo de mí, no soy yo quien tiene que pronunciar esas verdades. A veces pienso que para ti no es suficiente todo esto, que llegará un día, cada vez más cercano, que hullas de todo, de toda esta mierda que te asfixia y que tú sigues recogiendo con el corazón en un puño y la mirada al frente, viendo como se come tu vida esta familia, a grandes zancadas que te arrebata las ganas de seguir.
Los Puentes de Madison

Los lazos ya no son lo que eran. Por un lado temo esa consanguinidad maldita que te ata a la locura de tu madre, quizá sean imaginaciones mías, pero cuando te veo tan humillada, tan destrozada, tan hundida, rebosando sentimientos y pena y dolor, me recorre un presagio de mal agüero que me recuerda las historias que me contabas de esa madre depresiva que no encontraba motivos para seguir viviendo.
Por el lado político también son todo problemas: un marido ocupado, cada vez más cercano al carácter de ese padre tan centrado en sí mismo, tan ajeno al mundo, tan antiguo y arcaico y cabezón, anteponiendo sus mil y un problemas a las vidas ajenas. La suegra exige, pero no da nada a cambio, demuestra su favoritismo sin contemplaciones y a ti te deja de lado. Y el resto de la familia no es menos, los hermanos, engreídos y déspotas, amantes del dinero, que no entienden nuestra manera de vivir en eso que ellos creen que es la miseria (igual que creen que leer un libro es una pérdida de tiempo) y que como a tal te tratan, sin respeto.

Me da miedo que te vayas y toda esta fantasía de la familia cercana se desmorone. Me da miedo irme yo y que esto no aguante. Me da miedo que mi hermana huya en pos de su futuro, y me quede yo aquí, con estos silencios cada vez más largos, con estas palabras que no se pronuncian, con esa rabia que se me acumula en el pecho, con la sensación de impotencia y las ganas de gritar, callada ante sus ausencias, sus quejas, su vejez imparable, como la de todos, pero que tan mal lleva. Y tú aquí, callada, sumisa… hasta que explotas ante él, cada vez más a menudo, y cada vez más triste, hasta que pierdas el horizonte.

No quiero verte con la mirada vacía de toda expresión, ni con los ojos acuosos. No quiero que anheles las películas de amor que tanto nos gustan, odio que llores y te emociones de esa manera con Los puentes de Madison, porque eso significa que tú eres igual que la protagonista, una mujer atrapada en su casa, en su marido, en sus hijos y en su costumbre, anhelando siempre algo mejor que sabe que nunca tendrá. Si mi experiencia más cercana del amor, que sois vosotros, no funciona y es un fraude, una prisión, ¿cómo puedo imaginar un amor eterno, un amor de película, una devoción plena por otra persona que dure más de un suspiro?
No llores mamá, que me duele, y cuando me duele pienso en todo esto, en lo bueno y en lo terriblemente malo del amor. En las desilusiones y las pérdidas que te comen el alma y te destrozan. Ojalá fuera papá para decirte cuanto lo siento por ponerme tan estúpido cuando estoy preocupado, por hacerme el listo sin pensar en lo que sientes, por no saber ver lo que estás pasando… Ojalá pudiera decirte lo mucho que te amo, y el sentido tan grande que das a mi vida; pero no puedo, porque no soy él, y no sé lo que piensa, y no quiero pensarlo, por lo que pudiera pasar. Es tan duro crecer y ver que tus padres también son humanos.