miércoles, 5 de marzo de 2014

Adiós Madrid. Hola Nottingham

Gracias. Gracias a todas y a todos los que me habéis hecho volar esta última semana en Madrid. Sin vosotros y las eternas despedidas me hubiera quedado en casa, esos mis últimos días, encerrada con mi maleta desbordada, devanándome los sesos y temblando de histeria ante la indeterminación de mi futuro más próximo.
 
No sé que será de mí ahora que me voy sin billete de vuelta. Sólo puedo decir que en mi interior se debate a dentelladas el pánico más absurdo y la ilusión más infantil. Llevo tanto tiempo queriendo exiliarme, que ahora que ha llegado el momento no lo vivo como propio, y las despedidas me parecen ajenas y falsas, como si el avión se negara a despegar, como si en una semana estuviera de vuelta. La gente te sorprende en los momentos más insospechados, y aquellos que veo a menudo, mis compañeros de aventuras, son los que más difícil me han hecho el marcharme.
 
Chicos que sepáis que me voy, pero que os venís conmigo. Sé, incluso antes de llegar a este país tan gris, que lo más duro será estar lejos de vosotros: no el idioma ni encontrar un trabajo, sino vuestra ausencia día a día, el volver a empezar sin teneros a mi lado. ¿Dónde voy a encontrar amigos como vosotros? Es imposible sustituiros.
 
Supongo que esta reflexión es la angustia típica de todo comienzo, pero de verdad que me hubiera encantado meteros a muchos en la maleta, aunque hubiera tenido que pagar sobrepeso. Ahora sólo me queda invitaros a Nottingham (una vez me establezca), con sus tiendas súper cool de ropa de segunda mano, gimnasios baratos, Robin Hood y muchos ingleses por todas partes. ¿A qué promete? Aquí os espero. No me olvidéis.


jueves, 13 de febrero de 2014

Boicot a San Valentín

Se acerca la fecha, al paso de la musiquilla acuciante de la peli de Psicosis, y somos muchos los que estamos aterrados, a la espera de que se abra la cortina de la ducha y nos empiecen a llover puñaladas. Porque así de sangriento es San Valentín, día de odios y depresiones más que de amor romántico.



Dejando de lado el cariz consumista de tan señalada fecha, parece que las televisiones, radios y parejitas felices se han asociado con las tiendas y los supermercados en un complot por evidenciar la soledad con la que algunos decidimos vivir nuestro día a día, restregándonos entre besos, corazones y baladas románticas su empalagosa felicidad. Es casi cruel e inhumano. Todos queremos ser queridos, pero para celebrar ese amor no hace falta un día concreto en el que se señale con el dedo al que carezca de pareja, o al que vaya por la calle sin un ramo de rosas. Este día acusatorio de las penas ajenas no favorece a nadie, ni siquiera a los propios enamorados que han de debatirse entre elegir un regalo o inventar un gesto romántico marcado por unas ataduras sociales. ¿Dónde queda la improvisación? Cada cual que celebre su amor a su manera, cuando le venga en gana, y en privado a poder ser, para así integrarnos un poquito mejor a los pobres anónimos desparejados, que sufrimos cada año este ataque de amor plastificado y envuelto. 

¡Por un mundo sin San Valentín! ¡Por los pobres desparejados del mundo! Llamo a la rebelión, a silenciar la ofensa. Nada de quedarse en casa viendo Pretty Woman con un cubo de helado de chocolate, nada de citas express para aliviar el vacío sentimental, nada de torturas cantando baladas en lágrima viva. Lo mejor es una noche de fiesta con tu grupo de amigos, celebrando que estamos vivos y que nos queremos, aunque suene a orgía. ¿Y tú cómo vas a celebrarlo? Paz y Amor. 

viernes, 7 de febrero de 2014

Patética

Otra triste definición para mi elenco personal. Así soy yo, patética por decisión propia. ¡Hay que ser estúpida! (pues sí, también lo soy). Estúpida y patética, incapaz de plantar cara a la incompetencia del ego masculino. Abandono el orgullo propio, y me desarmo en lágrimas patéticas, sí, y balbuceantes, que exigen una explicación al idiota de turno que ya me ha olvidado. La indiferencia me resulta inaccesible, incomprensible, inmanejable; y mientras el tonto de turno me olvida, yo sucumbo a su indiferencia y le bailo el agua un poco, arrastrándome como si no hubiera mañana. Un chute de terapia urgente de autoestima no me vendría mal.

jueves, 6 de febrero de 2014

Promesas que no valen nada

Apunta a mi corazón y dispara. Es más certero y más humano que jugar con la ilusión. 
Me siento rota y sin cabeza, como una muñeca olvidada que tropieza siempre con los mismos hombres bipolares de hoy te quiero y mañana no. Yo no pedía castillos ni princesas, ni siquiera bombones belgas por San Valentín. Tú quisiste un viaje, una cena en un restaurante caro, vino, noches enteras abrazado a mi piel suave, besos a cada segundo del día, menos sexo y más hacer el amor. Yo te dije que sí a todo, feliz de los viajes y el amor principiante, sin etiquetas ni ataduras, sólo dos locos dementes que quieren conocerse y devorarse a cada rato, en cualquier lugar del mundo en el que puedan encontrarse. Ayer te di todo lo que queríamos, tirándome al vacío ciega de emoción. Hoy tú me pides espacio y freno, y mi paracaídas no se abre. Ya ni los que se abstienen de relaciones serias están a salvo de sufrir por desamor. 
Déjame aplastada contra la realidad. Ya no sé qué quieres, qué quieren, cómo funciona el mundo. Nada es lo que parece, eso es lo único que sigue vigente. 

miércoles, 22 de enero de 2014

Quiero conocerte

Dos simples palabras que juntas pueden conjurar la frase más bonita para ser escuchada: “Quiero conocerte”. Esta vibrante afirmación promete tiempo e ilusión, la dedicación de todo comienzo, y supone una apuesta incierta y un salto al vacío, todo junto, en torbellino, para aquel que la formula. Pocas son las personas que se atreven a conocerse: normalmente se intentan imponer el otro uno al otro, desbaratándose en los sinsentidos de su propia existencia, sin pararse a comprender las peculiaridades que hacen única a la persona que está enfrente, esperando. 


Por todo ello, hastiado de la rutina y del ego, esta vez quiero arriesgarme, sin saber si la locura acabará en un “te quiero” (ciertamente sobrevalorado). Ahora sólo tengo por cierto el calor de tus ojos, las sábanas arrugadas y las cinco o seis palabras que nos bebimos; y todo ello me gustó de ti y por eso me arriesgo a conocerte, me arriesgo a que no superemos el principio, pero estoy dispuesto a intentarlo, sin pretensiones, sin expectativas, sólo tú y yo, sólo tú y lo desconocido. “Tú eres la aventura”.

sábado, 18 de enero de 2014

18 de enero

El día de hoy casi pasa imperceptible. Es curiosa la memoria frágil de los humanos, nuestra incapacidad para recordar fechas de forma natural me asusta, y me sorprende que el cuerpo no rememore el desgarro con precisión de reloj suizo, año a año, para avisarme, para tenerme preparada. También es cierto que no sé en qué día vivo, que me estoy volviendo "alzhéimica" perdida y que recordar algo tan preciso como un día y una hora no me ayudará demasiado. Pero aquí está de nuevo, el aniversario de la catástrofe, tan catastrófico como si en vez de tres años, sólo hubieran pasado unos días.

Hace poco fui a visitarte, ahora tienes a mi abuela por compañía. Prometí llevarte flores y aún no lo he hecho, error de mi cabeza hueca, lo siento. Lo que no se borra es tu recuerdo, anclado a mi memoria para siempre, y la culpa, al rojo vivo, que en los días como hoy me desvela.

jueves, 16 de enero de 2014

Ansiolíticos para no soñar

El ansia. ¿Buena o mala? Yo no me pongo de acuerdo. El ansia por definición es algo malo, una inquietud que nos agita el cuerpo y nos desvela y angustia. Demuestra un anhelo loco, impaciente; la náusea y el tormento de la espera. 

El Grito. E. Munch
Pero a ratos, esa ansia es bonita, arrolladora, un vendaval. Es una fuerza que te empuja, un poco de picante en la rutina, un aliciente… desesperante sí, y estimulante al mismo tiempo. Hay muchos tipos de ansia, y personas ansiosas por naturaleza. Yo más que ansiosa, me considero impaciente; pero a veces, con las causas que lo merecen, me convierto en ansiosa empedernida que no come, no duerme, no vive, incapaz de calmar la ebullición en mi cabeza, que me desbarata la existencia entera y me sume en cavilantes depresiones y risa histérica. Parece algo horrible esta ansia mía, un monstruo en el armario que espera agazapado a que se ilumine la bombilla del sueño para salir a destrozarlo a zarpazos. Pero no es así, aunque a ratos me consuma y me hunda en la miseria, al final el calvario vale la pena: la espera termina, normalmente con final feliz, el ansia se disipa, tú tienes lo qué quieres (tu viaje, tu independencia, tu amante bandido); y ese anterior desvelo que te consumía los segundos a golpe de reloj parado, ahora se recuerda con cariño y hasta con lujuria, el predecesor al triunfo, la desolación con la que comparar el brillo del éxito. 

Por eso mismo, recomiendo disfrutar de las ansias propias, enloquecer con ellas y dejarse arrollar, y deshacerse en lágrimas si hace falta; para después, reír con más fuerza. Olvida los ansiolíticos y disfruta tus neuras. 

miércoles, 1 de enero de 2014

2014

De luto despedimos este 2013, un año menos en la fugacidad que es la vida. Guardemos silencio por esos derechos sociales que nos están robando, por mi abuela que se ha ido, por los errores irreparables, por los sueños no cumplidos, por mi coche destrozado… Ni siquiera Mandela ha podido sobrevivir a esta barbarie. 

El mundo se desmorona en este final de año, sumiendo en el olvido todo lo bueno. Cómo puedo olvidarme de los dos meses de aventura en Sudáfrica, de mi título universitario conseguido, de los fantásticos amigos que me acompañan… Pero en este año de locura y pasión, la pena ha ganado la partida en una sensación ambigua de amor y desenfreno. Doce uvas y se nos marcha el año, como tú que te has ido, y nosotros en familia nos quedamos brindando impotentes, atragantados y emotivos por tu ausencia.  


Pero con el 2014 hay que dejar atrás la mala suerte y preparar los propósitos de Año Nuevo para no perder ni un segundo, pues parece que me van a faltar días (y Euros):

De entrada quiero volver a soñar con viajes y futuros de aventura, y atreverme a hacerlo realidad. Un paseo por Atenas o Estambul con mis alumnos griegos, o beber ron en una playa desierta entre México y ninguna parte uniéndome a la aventura de los “locos españoles”; conocer la vida universitaria de las pelis americanas de la mano de mi hermana en Carolina del Norte, o volver a experimentar Sudáfrica y sus contrastes dejándome caer al vacío y que esa sensación de adrenalina no acabe nunca, espídica hasta dentro de un año.
Quiero exiliarme una temporada en un país de habla inglesa, vivir sola, desconectar, poner tiempo y kilómetros entre los amores prohibidos, empezar de cero, encontrar trabajo de lo mío, volver a España y una fiesta sorpresa, y cambiar de profesión por probar cosas nuevas.  
También deseo querer y que me quieran, y llevarme a mis grandes amigos en la maleta, allá por todo el mundo, para aunque esté bien lejos sentirlos muy cerca. 
Quiero que mis padres se comprendan y se hagan compañía, que sepan vivir juntos ahora que mi hermana y yo nos vamos, y poder reencontrarme con ella en algún lugar de este ancho mundo. 

Como deseo para este nuestro país, un poco más de rebelión y sensatez, de defensa de las causas justas, por muy  imposibles que parezcan; menos conformidad, menos transigir y más acción, para poder llegar al 2015 orgullosos y dignos, vivos, y sin la presión al follar, no sea que se rompa el condón y la liemos parda con la reforma de Gallardón. 

Para acabar, sólo desear a todo el mundo un 2014 lleno de risas y lágrimas, emociones fuertes que nos hagan vibrar y sentir que estamos vivos. Y que el dios sudafricano, Mandela, o Madiba para los amigos, nos sirva de ejemplo para comenzar el Año Nuevo un poco más humildes y sencillos, con ganas de renovarnos, de querernos y de aceptarnos unos a otros, sonriendo un poco más y gastando un poco menos. 

martes, 10 de diciembre de 2013

Esposos de sal

Hoy me caso, en Las Vegas. Mi novio me espera en un pueblito andaluz; mi madre en Madrid.  Mi vuelo a África sale de Barajas en menos de una semana, mientras mi futuro marido aguarda ya en el altar de esta pequeña capilla con luces de neón. ¿Cómo decirle que su mejor amigo extraña mi cuerpo en su cama? ¿Cómo hablarle de esa relación seria que me acosa y de los amantes pasajeros que ahora deciden recordarme? 
No sé cómo afrontar este chiste que es mi vida, pero aquí estoy, en Las Vegas, en pleno desierto en lo más profundo de Estados Unidos, en una ciudad más del inmenso continente americano. Las Vegas, ciudad de perdición. ¿Cómo no iba a casarme? Es el tópico típico de esta ciudad del pecado, y él es Elvis y yo Marylin. Y hay una apuesta de por medio, y un viaje y múltiples secretos, y sexo, mucho sexo. 


Seguramente lleve mucho tiempo leyendo la saga de Canción de Hielo y Fuego, de donde he robado el término “esposas de sal”, pero si digo “una mujer en cada puerto” cualquiera me entiende. Los marineros, esos hombres aguerridos, fieros, curtidos por la sal y la batalla, inquietos y esquivos, sin más amarre que la constancia de las olas. Fueron los primeros viajeros, piratas o comerciantes… tanto da. Cuando el mundo se te pone en bandeja y las leguas de mar te separan de los tuyos, y la noche es fría y exótica, y el mar te ha dejado sediento, y todo es nuevo… Te asomas a otra vida por descubrir, y ya no recuerdas tu casa, ni tu patria, ni tu mujer; sólo los pechos generosos de quien te abrigará esta noche. 

Pero en el siglo XXI ya no son los marineros, sino las chicas de ciudad, quienes quieren conocer mundo y dejarse seducir, sin complicaciones. Por eso Las Vegas y un matrimonio vacío pero repleto de alcohol, y por eso África, que me espera virgen y ávida, y lo que me depare el tiempo, sin ataduras, sin complicaciones, ciudadana mundo. 

viernes, 6 de diciembre de 2013

Sudáfrica, nación de Mandela

Hoy el país se viste de luto para despedirse de su héroe, de su dios omnipotente y particular. Mandela se ha ido, a sus 95 años, con la conciencia tranquila (espero), después de haber convertido un país lleno de odio en una nación en paz, igualitaria (al menos en teoría), donde la diferencia racial empieza a ser cosa del pasado.

Monumento a Mandela en Port Elisabeth, South Africa.

Hace menos de una semana que cogí el avión de vuelta a mi casa, dejando atrás dos meses de aventuras y descubrimiento en este maravilloso país que es Sudáfrica. Él ya estaba enfermo, muy enfermo, mantenido con vida por máquinas cargadas de intereses. Aún así, su presencia en el país era palpable, a pesar de la tensión en el aire que auguraba que el final se acerca. Su imagen te persigue en los museos, en las calles, en las camisetas de los turistas y hasta en las de los propios sudafricanos. Es un símbolo, una imagen de orgullo, un reclamo, el triunfo de los derechos humanos sobre la tiranía, el perdón extremo, el renacimiento sin rencores... ¿Cómo alguien que ha pasado 27 años en la cárcel, en ese islote aislado del mundo que supone Robben Island, condenado por defender y luchar por los derechos humanos y la igualdad y la libertad y todas esas cosas buenas que queremos todos, cómo alguien que ha sufrido el desprecio por su color de piel, y ha vivido la destrucción de su familia a manos de aquellos blancos que se creían superiores, cómo alguien así es capaz de salir y perdonar y convencer a su nación de que perdone y olvide?

Por eso Mandela es el icono que es, y su lucha por la libertad no acaba con él, sino que continúa en su recuerdo. Gracias Madiba por esperarme, por dejarme vivir contigo esa Sudáfrica, esa tierra prometida, mixta, bella y eterna. 

La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré para la eternidad. Nelson Mandela