jueves, 19 de mayo de 2011

Es hora de decir BASTA

El pasado 15 de mayo miles de ciudadanos se echaron a las calles españolas para protestar contra la situación política, social y económica que estamos viviendo. El movimiento ha superado las expectativas de la plataforma "Democracia real YA" impulsora del 15-M.
Actualmente miles de personas de condición política y edades diversas pasan el día en las inmediaciones de la Plaza del Sol de Madrid (y la noche); de forma pacífica y limpia han acampado ayudados por los ciudadanos que se acercan a dejar comida, mantas, apoyo...
Este movimiento transgeneracional esta revolucionando el seno de la opinión pública, y parece que el despertar de una juventud harta de que la pisoteen está removiendo aguas tenebrosas.

Rabia. Hartos de esta falsa democracia que llevan años vendiéndonos; pisoteados por la demagogia de políticos que no nos representan, que hablan por gastar palabras; paralizados por la ausencia de futuro que nos dejan en herencia.
Por la aparición de la generación perdida; por todos aquellos que estamos en el paro; por los que no entendemos el bipartidismo que arrasa ni las figuras políticas de juguete...

El movimiento del 15-M ha arrasado de tal manera que hasta Esperanza Aguirre se ha hechado a temblar al sentir la amenaza a su elección.
Lo que esta mujer, y otros muchos no entienden es lo poco que importa aquí tu condición política o tu edad, por eso la Moncloa no tiene ningún sentido. Si se ha acampado en Sol es por el hecho de ser lugar emblemático, no porque la izquierda radical haya hecho un complot. Y como decía Cristina, somos antisistema sí, pero ¿cómo no serlo? Si prácticamente nos han obligado a ello.


18 de Mayo de 2011. 20,30h Plaza de Puerta del Sol, Madrid (Juan Luis Sánchez /periodismohumano)



martes, 17 de mayo de 2011

Sex in Madrid

Me gustaría poder ser Carrie Bradshaw y escribir una columna con mi problema de la semana. El fallo es que no estamos en un episodio televisivo, y que los desastres amorosos no se resuelven ni en una semana ni en lo que dura el capitulo.
Por eso llevo un tiempo largo dando vueltas a las cosas: al comienzo, a la trama y al final; sobretodo a ese final que no llega.
Hay relaciones basadas en el amor, en los celos, en las peleas, en el sexo, en el cariño, en el tiempo, en la conveniencia… en todas estas parejas uno de los dos tiene el poder: aquel que menos espera del otro es el que manda, el que puede acabar con todo y chantajear a su antojo; y así funciona el mundo, lo aceptamos, vivimos con ello y nos define. Pero, ¿qué pasa cuando nadie ejerce ese control?
CONTINUARÁ...

viernes, 1 de abril de 2011

Humanizando a los héroes

No llores más que me duele. No sé abrazarte cuando tú no quieres. Déjame acercarme y escuchar tu llanto. Quisiera poder decirte lo grande que eres, el trabajo que haces, el calor que transmites; pero no quieres oírlo de mí, no soy yo quien tiene que pronunciar esas verdades. A veces pienso que para ti no es suficiente todo esto, que llegará un día, cada vez más cercano, que hullas de todo, de toda esta mierda que te asfixia y que tú sigues recogiendo con el corazón en un puño y la mirada al frente, viendo como se come tu vida esta familia, a grandes zancadas que te arrebata las ganas de seguir.
Los Puentes de Madison

Los lazos ya no son lo que eran. Por un lado temo esa consanguinidad maldita que te ata a la locura de tu madre, quizá sean imaginaciones mías, pero cuando te veo tan humillada, tan destrozada, tan hundida, rebosando sentimientos y pena y dolor, me recorre un presagio de mal agüero que me recuerda las historias que me contabas de esa madre depresiva que no encontraba motivos para seguir viviendo.
Por el lado político también son todo problemas: un marido ocupado, cada vez más cercano al carácter de ese padre tan centrado en sí mismo, tan ajeno al mundo, tan antiguo y arcaico y cabezón, anteponiendo sus mil y un problemas a las vidas ajenas. La suegra exige, pero no da nada a cambio, demuestra su favoritismo sin contemplaciones y a ti te deja de lado. Y el resto de la familia no es menos, los hermanos, engreídos y déspotas, amantes del dinero, que no entienden nuestra manera de vivir en eso que ellos creen que es la miseria (igual que creen que leer un libro es una pérdida de tiempo) y que como a tal te tratan, sin respeto.

Me da miedo que te vayas y toda esta fantasía de la familia cercana se desmorone. Me da miedo irme yo y que esto no aguante. Me da miedo que mi hermana huya en pos de su futuro, y me quede yo aquí, con estos silencios cada vez más largos, con estas palabras que no se pronuncian, con esa rabia que se me acumula en el pecho, con la sensación de impotencia y las ganas de gritar, callada ante sus ausencias, sus quejas, su vejez imparable, como la de todos, pero que tan mal lleva. Y tú aquí, callada, sumisa… hasta que explotas ante él, cada vez más a menudo, y cada vez más triste, hasta que pierdas el horizonte.

No quiero verte con la mirada vacía de toda expresión, ni con los ojos acuosos. No quiero que anheles las películas de amor que tanto nos gustan, odio que llores y te emociones de esa manera con Los puentes de Madison, porque eso significa que tú eres igual que la protagonista, una mujer atrapada en su casa, en su marido, en sus hijos y en su costumbre, anhelando siempre algo mejor que sabe que nunca tendrá. Si mi experiencia más cercana del amor, que sois vosotros, no funciona y es un fraude, una prisión, ¿cómo puedo imaginar un amor eterno, un amor de película, una devoción plena por otra persona que dure más de un suspiro?
No llores mamá, que me duele, y cuando me duele pienso en todo esto, en lo bueno y en lo terriblemente malo del amor. En las desilusiones y las pérdidas que te comen el alma y te destrozan. Ojalá fuera papá para decirte cuanto lo siento por ponerme tan estúpido cuando estoy preocupado, por hacerme el listo sin pensar en lo que sientes, por no saber ver lo que estás pasando… Ojalá pudiera decirte lo mucho que te amo, y el sentido tan grande que das a mi vida; pero no puedo, porque no soy él, y no sé lo que piensa, y no quiero pensarlo, por lo que pudiera pasar. Es tan duro crecer y ver que tus padres también son humanos.

lunes, 28 de marzo de 2011

Complutense y Religión

22/03/2011
Una semana después y más de lo mismo. Parece que los medios han aguardado el momento justo para lanzar la ofensiva, en medio de un ambiente preelectoral y pidiendo, ya de paso, la cabeza del rector. Al día siguiente del suceso nadie sabe nada, pero ahora el tema está en boca de todos. Yo me sumo a ellos, enardecida por un artículo de opinión que alega, defendiendo la libertad de expresión, el miedo que la Iglesia tiene a la mujer; y también me sumo cansada ya de tanta perspectiva conservadora que con el miedo en el cuerpo se ha lanzado a la reconquista de la dignidad perdida colapsando sus medios y monopolizando la red con sus artículos repetitivos.

A los dos días del “asalto” a la capilla del Campus de Somosaguas de la Universidad Complutense, la única información disponible era la visión condicionada de una Iglesia ofendida y una opinión pública, pero devota, cabreada. Y no es que la información que, semana después, ya puebla los medios más izquierdistas sea más verídica o tenga un poco más de razón o sentido, sino que, como estudiante del Campus de Somosaguas, más concretamente del lugar de origen de la revuelta, y con más motivo, estudiante de una universidad pública, no entiendo la permanencia en dicho lugar de una empresa arcaica que siempre se ha empeñado en esconder a la mujer y sus derechos, y ahora además negar (a los que se adhieran a ella) la posibilidad de elegir libremente tu sexualidad.

¿Qué sentido tiene quitar los crucifijos pero dejar las instituciones? Prefiero mil veces el símbolo a la opresión.

Links de interés:

lunes, 7 de marzo de 2011

Infidelidades

C. Friedrich
El caminante sobre el mar de nubes
"Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.

Cayó sobre mi espíritu la noche,
en ira y en piedad se anegó el alma,
¡Y se me revelo por qué se llora!,
¡Y comprendí una vez por qué se mata!

Pasó la nube de dolor..., con pena
logré balbucear unas palabras...
y ¿qué había de hacer? Era un amigo
me había hecho un favor... Le di las gracias."
Gustavo Adolfo Becquer



Becquer, el máximo exponente del romanticismo español, nos desvela en este pequeño poema el dolor de una infidelidad, y lo que es peor, el regocijo de un amigo cuando te lo cuenta. 
Si nos situamos en una experiencia parecida, ¿a quién no le ha dolido lo que un amigo dice de tu persona amada, para hacerte un favor y para anticiparte lo que puedes encontrar? ¿Por qué esas ganas de desvelarte todo lo malo y estropearte ese mundo de fantasía que te has creado?
Quiero dar las gracias a los amigos que quieren protegerte, a ellos que intentan eliminar el dolor venidero y aplacar cualquier mal, a quienes te cuentan todo lo que saben para que elijas una vida sin amor ciego. Desde esa apariencia altruista, que esconde las pocas ganas de recoger más adelante un corazón destrozado, se aparece la daga del dolor y de los celos, que sin quererlo hunden de golpe en tu pecho ajenos a todo el amor que brota a borbotones por la herida abierta.
A todos los amigos gracias, pero a veces la ignorancia y el autodescubrimiento duelen menos; o simplemente la opinión diferida, el camino incorrecto, la cegera voluntaria, el idealismo...

jueves, 24 de febrero de 2011

Amsterdam. ¿Ciudad del pecado?

Con "ciudad del pecado" no me refiero a las Vegas, aunque desde luego Ámsterdam tiene que ser más a la europea, todo más casto, menos material, más erudito y cultural. Las bicicletas asesinas, las drogas blandas, los protectores cristales del barrio rojo, y la legislación que se esconde detrás de todo ese mundo liberal, hacen que la Venecia del Norte tenga más de Venecia, que de pecado.
Pero aún así, Ámsterdam es un refugio, una escapatoria para todo aquel europeo (o no), que esté cansado de la rutina de prohibición y regla absurda que sólo consigue abrir una vía hacia la ilegalidad.


Allá arriba, la vida pasa tranquila, al impulso único de los timbrazos de las bicis, que al momento se ahogan en el agua del canal más cercano, o en el repiqueteo de la lluvia muda y constante.
Si hace frío, el olor a maría que desprenden por las calles los coffeshop te invita a entrar y refugiarte; y te sumerges en ese submarino de humo de colores con un canuto y una taza de té bien caliente, al ritmo de un reggae que te acuna las neuronas.
Si por el contrario el día amanece radiante, con un sol de otoño, coges la chaqueta y te encaminas entre el tráfico de sus calles y puentes, hacia las afueras de la ciudad, al Vondelpark. Allí, junto al lago y con un par de amigos, compartes unas setas alucinógenas, de esas que ya no venden, pero que sus raíces aún te hacen flipar. Y mientras cae la tarde, tú te ríes sin descanso porque la hierba se mueve, porque la gente te mira, y porque todo vuelve a cobrar sentido y tu cuerpo parece levitar anclado únicamente por una pesadez extraña en las extremidades.

Espejito de plata

19/08/2010
"L se esconde. Se repliega sobre si misma a toda prisa, cual animal herido. Se enrosca en su concha impenetrable y se sume en un silencio hueco, desesperado.
No hay nadie. Nadie la busca. Esta sola con ese sentimiento sin nombre. Sola y vacía, amordazada por el miedo.
L se aleja. Huye. Se aplasta contra el fondo y llora. Palpa la soledad que se cierne, la incomprensión que acecha.
Todo es negro, oscuro y frío. No hay luz, y el mundo carece de sentido. Poco a poco se va hundiendo, se va alejando a la deriva, y nada puede retenerla.

Se despierta y el sol hiere sus ojos. Mareada protesta por ese repentino pinchazo de calor. Oye voces a lo lejos, pero está cansada: cansada de escuchar y no ser escuchada, cansada de llamar y no recibir respuesta, cansada de estar para todos menos para sí misma, cansada de gritar auxilio en murmullos sin aliento.
Pero las voces insisten, pesadas, inagotables. Le cogen por los brazos, por las piernas, por las manos. Arrastran a la chica fuera del agujero para que la claridad la inunde y la vida se estrelle contra su cuerpo.
Ele se incorpora, reticente. No quiere hablar, no quiere mirar a nadie, solo cerrar los ojos y abandonarse.
Pero al volverse, un destello acapara su atención. Curiosa, mira a su lado, escondido junto a ella, un espejito de plata. Lo coge con manos dudosas y con esperanzas vencidas; y sin quererlo su mirada se posa.

De pronto todo se incendia. Amanece y la brisa trae un aroma salado. Elena se refleja a través del espejo, nueva y reluciente, sin mácula ni crítica. A su espalda se agolpan los amigos, las caras conocidas, aquellos que la arrastraron fuera de las garras de ese pesimismo envenenado. Todos intentan meter la cabeza, salir en el encuadre, tener un pedacito de espacio que compartir con ella.
Y ella se deja querer, y se abandona a esos que no quieren verla sufrir, a esos que la quieren llena de vitalidad y optimismo, esos que desean que ame la vida locamente y sin reservas, esos sus amigos. "


Ojalá hubieras encontrado ese espejito de plata. Te echamos de menos. Tu ausencia pesa demasiado.

domingo, 20 de febrero de 2011

"Si quieres vente"

“Si quieres vente”, pero tampoco te lo tomes muy en serio porque realmente… sobras. La segunda parte del mensaje queda implícita, suspendida en el silencio que se produce cuando tu querid@ amig@ o amante te suelta esas tres palabras matadoras:
- “Oye que al final he quedado con Fulanito, pero… si quieres vente”.

Si quieres vente no es más que una fórmula de cortesía obligada que te libera del compromiso de quedar con alguien o te salva cuando te pillan con quien no debías. Para el receptor supone un desprecio y normalmente lo interpreta como la poca apetencia a ser visto.
Si realmente quieres que esa persona acuda a tus planes, te has equivocado de fórmula. Díselo sin rodeos, sé valiente, muestra tus sentimientos y deseos sin titubeos estúpidos.
Si por el contrario quieres evitarla, aprende mejores fórmulas que salven esa sensación de rechazo que se adueña del desgraciado al que le toca oír la ya famosa frasecita, que en la última semana se ha puesto en boca de tanta gente conocida.

Para el Príncipe Azul

Como dice una amiga mía, "culpo a Disney por mis altas expectativas en cuanto a los hombres". En honor a tantas películas que han reforzado el estereotipo de macho salvador y doncella sumisa dejo esta carta:
Querido Príncipe:
 
“Alteza”, “Señor”, ya estoy harta de esperarle. Llevo sentada en la ventana de la más alta torre demasiado tiempo, y me aburro soberanamente (sin ánimo de ofender).
Mi mamá siempre me decía que debía aguardarle, recatada y sumisa, con mi vestido de fiesta de Versace. Tiempo ha que pasé de los vestidos y ahora me muevo por la habitación en chándal, que es más cómodo.
¿Cómo es que tarda tanto? Antes jugaba con mis amigos, los ratoncillos de campo, que pululaban por mis aposentos cuando les dejaba trocitos de queso Brie. Pero ¡qué lástima!, el Dragón del turno de noche se los zampó sin contemplaciones, y ahora estoy sola, vieja y aburrida.

Mi espejito mágico me habla de ti a todas horas. Dice que eres apuesto, todo un ejecutivo de traje y corbata. En mis sueños te imaginaba como el típico Príncipe Azul que vendría a rescatarme a lomos de su bravo corcel y treparía cual Romeo por la enredadera de mi balcón recitando versos; pero parece ser, según dicen las noticias, que ahora se lleva la Fórmula 1, y que lo más normal es que vengas a buscarme en el nuevo Mercedes Clase A y cantado los 40 Principales.
Pero me da igual, espero que lo sepas, que aquí estoy esperándote. También me gustaría aprovechar la ocasión y rogarte que para nuestra primera cita me lleves a un buen asador, ya que por estos parajes abundan los manzanos, y estoy ya un poco saturada de la comida vegetariana que parece ser lo único que saben preparar mis enanos sirvientes (aunque debería llamarlos “servicio doméstico”).

No puedo dejar de pensar en el día de nuestra boda. Los dos juntos para siempre, empachados de felicidad y de las perdices que serviremos, por cumplir con las tradiciones. Acudirán todas las personalidades del momento: reyes, presidentes, ministros, jugadores de fútbol, Paris Hilton, los animalillos del bosque, las reporteras de Sé Lo Que Hicisteis, los vampiros de Crepúsculo y Belén Esteban (incluso Michael Jackson en espíritu). Pero eso sí, nada de los bailes esos tan pasados de moda que organizan en los castillos; olvídate de los pasodobles y las chirigotas. Estaba pensando en algo un poco más “chic”: podríamos contratar a “Los 7 Bastardos” o a “Pitufinieves” que están ahora muy en la honda. 

Para la Luna de Miel aún no tengo decidido nada. Una  posible idea es un crucero por las Islas Griegas en el barco del Capitán Garfio, aunque últimamente son demasiado frecuentes los amotinamientos. También se han puesto de moda los safaris fotográficos en busca de suricatos y leones, o las excursiones submarinas al palacio de tu primo el rey Tritón.
Como puedes ver, me fascina el océano. Me encantaría recorrer los Siete Mares a bordo de un galeón, sentir el viento en la cara y la espuma del mar, y cantar canciones a pleno pulmón con una botella de ron en una mano y el timón en la otra, la vista clavada en el horizonte y un tesoro robado en la panza del barco. Entonces me despierto mareada en la cama, extasiada por los delirios de pirata que me asaltan. Pero no te asustes, son sólo pesadillas de tantas películas que veo. Yo sólo quiero un príncipe en mi vida.

Me encantaría que mi Hada Madrina me confeccionara el vestido de boda con las flores virginales del bosque, pero resulta que se ha cogido un año sabático, dice tener ataques de ansiedad producidos por el estrés de estar a mi servicio. ¡De verdad que no la entiendo! Así que en su lugar mandé al Lobo Feroz a hablar con mi abuelita, que es una gran costurera, pero aún no he obtenido respuesta.
También quería comentar contigo la lista de regalos; había pensado en pedir un candelabro de esos que bailan, una alfombra voladora, un cuadro de Dalí, una carroza-calabaza, una cafetera de Nespresso, una Campanilla, la bata-manta, y un zapatito de cristal de Swarovski. Si tienes cualquier otra sugerencia, házmelo saber de inmediato. ¡Ah! Se me olvidaba decirte que mi prima Maléfica dice que nos va a regalar una rueca antigua, que lleva toda la vida en la familia, para que pueda hacer trajecitos a nuestros hijos. Qué bonito detalle, ¿no te parece?

Y hablando de niños, ¿cuántos quieres tener? A mi me encantaría tener gemelas: dos niñitas preciosas con mis cabellos dorados y tus ojos azules. Tendremos que llevarlas a un buen colegio, de esos bilingües, y apuntarlas a clases de teatro y de canto, para que de mayores sean estrellas de la pantalla. ¿Y qué opinas de la adopción? Yo estaba pensando en adoptar un niño africano, porque mira qué bien les va a Brad y Angelina, y cómo son siempre el centro de atención. Además que hemos de contribuir al mundo de alguna manera, que últimamente está muy mal con tanta crisis y desastres naturales; y ¿quién mejor que nosotros, príncipes, futuros reyes, para criar a un niño?

Tengo que confesarte que a veces me entran reparos, y eso de casarnos me parece un poquito precipitado, ya que ni siquiera te conozco en persona. Además temo que con los años te transformes en Bestia, igual que le pasó a mi vecina Bella con su marido; tuvo que pedir hasta una orden de alejamiento. También me contó mi amiga Blanca, la que vive en las montañas rodeada de nieve, que se enamoró de un chico muy dulce y sensible y cariñoso, un trovador muy guapo vestido siempre con mallas de colores, pero que un buen día desapareció. Lo último que supimos de él fue en la cabalgata del Día del Orgullo Gay, que le vimos por la tele subido a una carroza. Todas estas cosas me dan mucho miedo. Pero esos son sólo momentos de bajón. Se que tú no vas a ser así. Para subirme los ánimos me pongo la película de Pretty Woman, con un helado de chocolate gigante y una copita de Martini mezclado, no agitado, y ¡listo! Una persona nueva, alegre y rebosante de felicidad.
Entonces me pongo a pensar en nuestro porvenir juntos, en las hojas del calendario que irán cayendo según pasa la vida. Tú y yo envejeciendo de la mano, mirando la puesta de sol, arropados por el silencio de una noche de verano y el murmullo cálido de un mar sin nombre… ¡Y no puedo permitirlo! No quiero imaginarme las pintas que tendré cuando llegue ese momento. Me he prometido a mi misma no envejecer jamás, así que has de conseguirme una lámpara mágica o un buen cirujano plástico. Sería un bonito regalo de aniversario.

Por último, sólo quería decirte que espero con ansia el momento de conocernos, el momento en que me arropes entre tus brazos y me des ese primer beso de amor, que ha de despertarme (aunque ya despertara hace tiempo de la enfermedad del sueño). Cuando nuestros labios se encuentren y el tiempo se detenga… Tanto he pensado en nuestro encuentro que el otro día, en una revelación, me sobrevino la idea de que tú podrías ser el secuestrado. Quizá estés tú peor que yo, encerrado en una mazmorra, herido por un hechicero loco, envenenado por las pócimas de la malvada Bruja del Este, amenazado de muerte por la Reina de Corazones. Y yo aquí en mi torre divagando, perdiendo el tiempo. Te veo gritando mi nombre a los cuatro vientos, anclado a tu celda de desdichas, desesperado ante la idea de no poder venir a mi encuentro, ni de poder salvarme de esta pesadilla.
Por eso mismo he pensado en organizar una partida de rescate: primero te mandaré mi carta por medio de lechuza mensajera. Si en una semana no has contestado, ni sé nada de ti, partiré en tu busca, usando mis extensiones de pelo como escalera para bajar de esta maldita torre. Montaré a lomos de Rocinante y emprenderé la marcha al galope, sin titubear ni un segundo, sólo parando a descansar en ese hotelito tan cuco junto al castillo de la Alhambra, y en la playa de Madrid, que tengo que ponerme morena, para causarte una buena impresión cuando me veas.

Voy a ir a salvarte mi amor, mi príncipe. ¡Espérame, no temas! Y no sufras por mí, ni te preocupes, pues el Lobo Feroz se ofreció amablemente a acompañarme en tan ardua travesía y ampararme de los peligros del camino.

Te quiero Príncipe Azul, aunque destiñas.
Seremos felices y comeremos sushi.

Tu Princesa de Cuento.

Quitando el caramelo a un niño

¿Por qué el amor nos vuelve tan gilipollas?
Desde la perspectiva femenina, ¿a quién no le han dejado tirado una noche en el último momento? Y si así ha sido, ¿no os ha dolido en el alma?
Este es un llamamiento para hombres y mujeres, independiente de su condición sexual, con el que pretendo abrir los ojos a:
- aquellos que alguna vez hayan dejado a una persona plantada en el último momento (por motivos que no fueran de causa mayor), para que aprendan y entiendan el dolor que han causado;
y a quienes hayan padecido esta situación, para que se vuelvan fuertes e ironicen con las desilusiones que nos regala la vida; para que aprendan a reírse de estas cosas y a quitarles importancia, o mejor aún, para que manden todo a la mierda y vivan en rebelión con la sociedad de la imagen, que nos impone estilos de vida imposibles y machistas en los que la mujer ha de estar perfecta para el hombre y esperar sumisa su llamada.

Como un niño con un caramelo, tú llevas toda la tarde ilusionada pensando en la noche, esa noche que hace días que planeas (porque va a ser la primera, porque llevabais mucho tiempo sin veros, porque vuelve de viaje, porque es San Valentín, porque hay que celebrar algo, y mil porqués más), has dedicado tu tiempo a organizarte:
- Depilación completa,
- ropa interior fina y sexy,
- elección del vestuario,
- maquillaje,
- peinado,
- accesorios,
- perfume,
- y un largo etcétera a rebosar de mil y un detalles que la gran mayoría nos imponemos para estar lo más perfectas posibles.
Entonces, cuando ya estás en pleno proceso con la cera caliente en las ingles, el pelo a medio rizar, y ocho modelitos descartados y tirados por el suelo ante la depresión a punto de estallar por la crueldad del espejo, suena el móvil. Con las manos tiesas para que no se estropee la laca de uñas recién pintada  a juego con el tanga, te contorsionas y lo coges con una sonrisa, le contestas con voz dulce, trasluciendo la emoción anticipada. Pero poco a poco, se te demuda el rostro, la voz va perdiendo consistencia, el tono se agria, y la desesperanza ensombrece la conversación; te han quitado el caramelo. Él pregunta si todo está bien, y tú ¿qué respondes a eso?:

POSIBILIDAD 1:
Pero, ¡serás cabrón!, pedazo de gilipollas, llevo toda la puta tarde esperando tu llamada, y arreglándome para ti, ¿y ahora me dices esto? ¡No tienes vergüenza! ¿Qué te crees que me voy a quedar aquí esperándote? ¡Ni de coña! Ahora mismo me voy de fiesta y que te jodan.

POSIBILIDAD 2:
¿Bien? ¿Cómo va a estar todo bien? ¿Cómo puedes decirme a las doce  de la noche que hoy no vas a poder? Llevo toda la tarde arreglándome para ti, pensando qué ponerme, a dónde ir, qué contarte. He rechazado otros planes con amigos solo para verte, y tú con un simple “lo siento” acabas con todo. ¿Te has parado a pensar en todo el tiempo perdido, en toda la emoción desperdiciada, en las ganas locas que tenía de besarte y tenerte para mí?


Pero normalmente sólo atinas a murmurar un No pasa nada que te atraviesa el corazón, eso sí, lo dices con ese tono melancólico y cargado de rabia contenida, esperando que sea capaz, al menos, de apreciar la congoja en la voz y adivinar todo lo que estás sintiendo; pero no guardes ilusiones, si nunca ha sido capaz de valorar el empeño que pones en ponerte perfecta para él, ¿cómo va a comprender las sutilezas de la voz de una mujer?
Y mientras él hace aquello que os ha impedido veros esa noche, tú te quedas en casa, con los ocho modelitos por los suelos, el maquillaje corrido, y las piernas perfectas.

Yo hoy me he sentido tan estúpida y tan cosificada, que ahora la impotencia me está retando; por eso escribo, para desahogarme y ver si alguien que lea esto se siente identificad@.
Espero haber aprendido algo para la próxima, y poder así evitar esta sensación de dependencia e inferioridad que me derriba. De lo que tengo miedo es de insensibilizarme, de perder la esperanza de los primeros momentos junto a alguien. Mi confianza en el amor ha decrecido en los últimos años, tanto que ya dudo de la existencia de un amor eterno (pero de eso hablaré otro día), y ahora que empezaba la ilusión, el romanticismo de todo comienzo, las mariposas en el estómago, el conocerse lentamente y el devorarse con ansia y a bocados; ahora que todo ha de ser bonito y especial, ya estoy criticando. Siento cómo se me escapa la ilusión, y eso es  malo, al fin y al cabo, como dice el refrán “la esperanza es lo último que se pierde”, entonces ¿a nosotros qué nos queda?

Necesito que me devuelvas las ganas y me hagas sentir especial.