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lunes, 13 de agosto de 2012

Decálogo para una española en los EEUU


Va por mi hermanita que se me ha ido un poco lejos...

DECÁLOGO DE PRECAUCIONES PARA SALIR INDEMNE DE LA VIDA UNIVERSITARIA EN LOS EEUU 

  1. Cuidado con los vampiros, hombres lobo, fines del mundo, y catástrofes zombie, que muy sospechosamente siempre ocurren en EEUU.
  2. Mantente alejado de los universitarios psicópatas con acceso a armas de fuego.
  3. No contraigas enfermedades raras por si acaso el seguro médico no te las cubre (que no hay seguridad social).
  4. Si te buscas un novio estadounidense, recuerda que ha de ser guapo, alto, rubio y del atleti. Sino no será bien recibido en casa. Y tendrá que tener hermanos/primos/amigos guapetones para compartir. 
  5. Cuidado con las hamburguesas, perritos calientes, bollos… aunque sabiendo que España ha superado la tasa de obesidad de EEUU y aún así tú has conseguido salvarte, quizá no sea tan preocupante. Por si acaso no olvides que LA LECHUGA RETIENE LÍQUIDOS!!! Vas a echar de menos las lentejas y el puré, que lo sepas. 
  6. En EEUU eres menor, y no puedes beber alcohol. Recuerda que los ponches de los bailes universitarios pueden estar adulterados, así que por precaución, ¡mantente alejada del ponche! 
  7. Cuidado con los republicanos (que no te engañe la referencia a la república). Tú fiel a Obama, demócrata hasta la médula. 
  8. 8. Cuidado en la carretera y al cruzar la calle, eso de que niños de 15 años puedan conducir no me convence demasiado.
  9. Si ves un indio en la reserva de al lado, pídele que se quite la camiseta. Si no tiene la tableta de chocolate de Jacob (el lobo de Crepúsculo) retírale la palabra, no merece más tu atención.
  10. Intenta evitar matar gente o cometer cualquier tipo de crimen, pues ya sabes que la pena de muerte está vigente en Carolina del Norte.
Ten cuidado con las locuras, aprende a disfrutarlas en su justa medida y a salir indemne de ellas.

Como posdata sólo me queda añadir:

- Precaución con la búsqueda insaciable de éxito que caracteriza a la sociedad norteamericana: ponte tus propias metas, vive tu vida de forma equilibrada, se feliz, no busques imposibles (pero no renuncies a tus sueños), y que nadie te cambie tu forma de ser. Déjales el éxito visceral a aquellos que quieran dejarse la vida en el empeño (recuerda que ese éxito económico que muchos buscan sólo sirve para trabajar-consumir-y volver  a trabajar para pagar las deudas del consumo indiscriminado).

- Si vas en plan deportista con beca, no te creas demasiado way por ser una deportista en un campus estadounidense. Las pelis que hemos visto quizá no sean demasiado realistas.

Te deseo lo mejor cosita mía!!!! 


lunes, 3 de octubre de 2011

Derribando puertas

Te levantas y la sociedad parece que te da la espalda. Llevas toda la vida luchando tú sola contra este mundo que no acepta las diferencias, que tiene prisas y que no mira para atrás, que se obceca por seguir adelante arrasando con todo, sin parar y darte la mano.

Como nadie miraba, pocos pudieron apreciar ese lento movimiento hacia la liberación de tus cadenas: sin saberlo te convertiste en una revolucionaria, cansada de las viejas normas que te arrinconaban buscaste desvíos para saltarlas. El proceso fue lento, tan lento como una flor que se abre, inapreciable el movimiento a simple vista, pero que de repente sorprende por su color y su aroma.
Así llegaste a nosotros, tus compañeros, derribando con tus cualidades nuevas ese obstáculo inherente a ti, y que cada día nos hacía plantearnos el poder creativo que tenemos las personas.

Ahora han pasado dos años; dos años recorriendo los pasillos de la universidad, subiendo y bajando en ascensores, criticando a los que nos lo roban teniendo piernas tan robustas y manejables, pulsando los botones que tú no puedes, cogiendo los apuntes que a ti no te da tiempo, abriendo las puertas que intentan frenar el avance de tu silla. Contigo hemos saltado barreras, hemos salido a bailar, hemos cotilleado en las esquinas más recónditas de los jardines y hemos ensayado lo que será nuestro futuro profesional. Aquí eres una más. No hay nada que se te resista dentro de las paredes del sistema educativo, nada que pare el motor que, con la poca movilidad de tu mano, pones en marcha.

Pero las cosas están cambiando. Parece que el miedo a la palabra “crisis”, o al ambiente político, o vete tú a saber qué, está nublando la vista a muchas personas que hacen que el sistema de privilegios universitarios se tambalee. Para usar cualquier espacio universitario tienes que identificarte, y no contentos con el régimen de control impuesto, te piden la titulación que cursas para colocarte así en la sala de uso común correspondiente al estatus de tus estudios: las salas más pequeñas para las carreras que, a su juicio, son más insignificantes.
Este celo por preservar los espacios universitarios se quedaría en simple anécdota si no fuera  por los derechos que todo estudiante tenemos. Cuando para acceder a una sala de trabajo la silla de ruedas no entra pues te enfadas; pero cuando además pides usar la sala de al lado, vacía y con espacio, y se te denega el acceso por no ser el estudiante privilegiado de la facultad de al lado, la sensación de impotencia te paraliza.

Estoy cansada de que se quejen de la falta de iniciativa juvenil, de la expresión tan manida “¡Ains, ésta juventud!” que tanto nos prejuzga, del pavor que parecen tenernos los ancianos, de la visión que dan de nosotros en los noticieros.
Yo sé que todos los jóvenes no son universitarios, pero sí muchos universitarios son jóvenes. A nosotros, la generación perdida, nos han robado la ideología, las ganas de reivindicar y hasta el futuro. Parece que las promociones anteriores acabaron con todas las injusticias del sistema y que ahora, a nosotros, sólo nos queda disfrutar en silencio de esta paz impuesta carente de estímulos.
Somos muchos, una masa informe de almas errantes por los campus universitarios, que vagamos entre el botellón y los exámenes finales; entre la biblioteca y la cafetería; o eso quieren hacernos creer. La verdad es que cada uno tenemos nuestros intereses, nuestras inquietudes y afinidades, nuestras carreras y amigos; y cada uno somos entes individuales, únicos, irrepetibles, pero con algo en común, algo que nos arrejunta y nos moviliza: los derechos del estudiante.
Entre todos formamos un grupo indivisible, vivo, que nos hace saltar ante el primer indicio de injusticia. Por eso, cuando una persona tiene alguna dificultad para integrarse en la universidad las cosas se cambian: el Centro y todos, nos ponemos a su servicio para que pueda acceder sin problemas y cumplir con los derechos que le pertenecen.

Por eso, para quitar la razón a quienes nos desprestigian y nos prohíben la iniciativa, para que mi amiga pueda entrar en la sala a hacer los trabajos, para que cualquier persona pueda acceder a una enseñanza digna e igualitaria sin tener que emprender cada mañana una batalla contra las barreras administrativas, físicas e ideológicas, debemos participar y luchar por ser verdaderamente iguales.
Hemos de crear entre todos un espacio donde todas las puertas estén abiertas para aquel que, independientemente de su condición, quiera ejercer su derecho a la formación; porque sino nos estaremos poniendo barreras a nosotros mismos al establecer de precedente esta tolerancia a la desigualdad.